miércoles, 14 de noviembre de 2012

Abelia triflora. Abelia de tres flores.


Jardín Botánico de Gijón, mayo de 2012 y julio de 2014.



Las diosas siguen a lo suyo.



Afro camina escondida -creo yo- en su abrigo, y no es una figura retórica sobre lo mucho que se pueda tapar en este atardecer de otoño, no está tan frío. De hecho, lo lleva colgado con el brazo en alto por encima de su cabeza. Sin embargo -puede que me equivoque- poco la puede ocultar, al revés, llama más la atención en el concurrido muelle. Su tez es de un blanco saludable, con matiz sonrosado; contrasta con el negro de su ropa: jersey ajustado, minifalda, medias y zapatos de tacón alto y ancho. Dicen que lo oscuro elimina kilos a la vista de los demás, puede, le sobra alguno según los cánones actuales.
            Pasa al lado de un banco donde están sentados una pareja de treceañeros vestidos con uniforme colegial; la mano del suéter varonil azul tamborilea en la rodilla de la media granate –ya tienen algo que contar al confesor-. En un santiamén el chico se levanta, se apodera del abrigo de Afro y lo tira al mar, entre los pantalanes.
            Afro sigue caminando, parece que aliviada y con la sonrisa más amplia.
            La boca del suéter azul susurra al oído de la chaqueta granate: “ya lo has visto, y me lo prometiste, ahora tenemos que hacerlo” –esto jamás lo oirá el confesor-
            Afro desciende por la rampa cubierta de algas verdes, sin prisa se desnuda y se introduce en el mar. Una gran concha la espera abierta.


2 comentarios:

  1. La A. triflora se parece al jazmín... ¿llevará tu diosa algunas en el pelo?

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  2. Pues los clásicos deben reservar las flores para otras diosas, en las pinturas que he visto por ahí luce su larga melena sin adorno alguno.

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