lunes, 10 de enero de 2011

Camellia rosiflora "Cascade"

Camelia híbrida. Jardín Botánico de Gijón, enero de 2011.



“También la lluvia” Icíar Bollaín.

Para filmar una película sobre el defensor de los indígenas Bartolomé de las Casas, el equipo se traslada a Cochabamba, ignorando que en esos momentos, año 2000, los bolivarianos emprenden una lucha para evitar la privatización del agua corriente que la encarecerá muy  por encima de sus posibilidades económicas. Sin saberlo, eligen a uno de los principales rebeldes de la revuelta como actor secundario, que representará al cabecilla de los indios sometidos.
La comparación de ambas explotaciones, la del oro hace 500 años por los españoles y la actual, del agua, por otros individuos con ambiciones idénticas, es un esquema de trabajo que  utiliza de forma lúcida por Bollaín, para denostar las incoherencias de los que vivimos en el paraíso occidental (hace poco todavía nos decían que porqué no somos felices, si tenemos agua caliente). Como la mayoría actores, la fuerza se nos pierde en el habla, en el figurar, acabamos creyendo el papel que explica cómo otros cambiaron el mundo. Y cuando nos piden lo que de verdad necesitan, huímos.
No todos, es cierto. A lo largo de la obra, del tiempo, los sentimientos nos hacen dudar, vamos y venimos entre el individualismo narcisista y la generosidad, recorridos que Bollaín esclarece de forma magistral en sus personajes.
Al final la gota de agua que aportan es tan límpida que no desmereció en la tormenta boliviana, a ese llover a cántaros (¿se acuerdan de la canción?) que hemos olvidado.



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